El Bosco, la obsesión de Felipe II

Sin duda, la figura de Felipe II “el Prudente” se vio durante siglos empañada por la Leyenda Negra, que lo presentaba como un ser despótico, cruel y fanático. Afortunadamente, publicaciones posteriores, como las de sus cartas con sus hijas Clara Eugenia y Catalina Micaela, nos permitieron ver la verdad de un rey amantísimo de su familia, cariñoso y afable y cuya firmeza en el gobierno le llevo a regir el Imperio Español durante su máximo período de esplendor.

Una de las virtudes que tenemos perfectamente documentadas acerca de Felipe II es su afición por las Bellas Artes.

Debido a su formación y su vasta cultura, quiso rodearse siempre de los mejores artistas y empleó gran cantidad de recursos al mecenazgo y fomento del arte. Sus conocimientos en arquitectura quedan retratados por Baltasar Porreño, sacerdote, humanista e historiador coetáneo, que narra cómo se disponían los proyectos de obra en El Escorial: “Fue diestrísimo en la Geometría y la Arquitectura, y tenía tanta destreza en disponer las trazas de los palacios, castillos, jardines y otros usos, que cuando Francisco de Mora, mi tío, trazador mayor suyo, y Juan de Herrera, su antecesor, le traían la primera planta, así mandaba quitar o poner o mudar como si fuese un Vitrubio o Sebastiano Serlio”.

Entre los pintores de su corte encontramos a Alonso Sánchez Coello, Sofonisba Anguissola, Juan Pantoja de la Cruz y Juan Fernández de Navarrete. Aparte de estos autores que trabajaban regularmente parar el monarca encontramos obras compradas de artistas como Memling, Durero, Da vinci, Miguel Ángel, Rafael, Correggio, Bassano, Sebastián del Piombo o Tiziano. Pero sin lugar a dudas, hubo un artista que cautivó sobremanera al rey y al que dedicó gran parte de su atención y su economía para hacerse con más del 90% de su obra: El Bosco.

El Bosco, la obsesión de Felipe II

Jheronimus van Aken, conocido popularmente el Bosco, forma parte de una familia de pintores que trabajaron durante seis generaciones, primero en Nimega (ducado de Gueldre), a donde debieron llegar procedentes de Aquisgrán (Aachen), y después en ’s-Hertogenbosch. Trabajó en el taller del padre, donde debió de aprender el oficio.

Su nacimiento se sitúa hacia 1450, aunque se tiene poca información de sus primeros años de vida. En un documento datado el 15 de junio de 1481 el Bosco figura como marido de Aleid van de Meervenne. Esta debía de ser algo mayor que él, pero no tanto como se ha dicho. Tampoco se sabe cuándo contrajo matrimonio con el Bosco, pero al menos en 1480 ya debían estar casados.

A las noticias que han llegado hasta nosotros sobre el pintor, su familia y las propiedades de su mujer, se suman las que se conocen respecto a su condición de miembro de la Cofradía de Nuestra Señora. Esta institución, a la que también habían pertenecido como miembros ordinarios sus abuelos y sus padres, tenía su sede en la capilla del mismo nombre en el lado nordeste de la iglesia de San Juan de ‘s-Hertogenbosch. El Bosco ingresó como miembro ordinario de la cofradía en 1486-87, un honor que se reservaba a clérigos y sacerdotes. Su nombre, “Jheronimus, hijo de Anthonis van Aken”, figura junto con los de los más de trescientos cincuenta cofrades de los Países Bajos y de Alemania que ingresaron ese año. De forma excepcional, tan solo un año después se convirtió en hermano jurado.

En el verano de 1516, se declaró en ‘s-Hertogenbosch una epidemia con unos síntomas que nos hablan de una especie de cólera. Es posible que el Bosco fuera víctima de ella. No se sabe qué día murió. Lo que sí consta en las cuentas de la cofradía de 1516-17 es que el 9 de agosto de 1516 se celebró en su capilla de la iglesia de San Juan una misa de requiem por “Jeronimus van Aken pintor”, por lo que el artista tuvo que fallecer pocos días antes.

Recibía encargos por parte de la Iglesia, pero también de la nobleza y la alta burguesía. Todos ellos han dado lugar a una vasta colección de cuadros que se conservan, fundamentalmente, en España.

En Arkeo Tour te proponemos conocerlos personalmente a través de nuestras rutas premium al Museo Nacional del Prado y al Monasterio de San Lorenzo del Escorial.

La mayoría de las obras del Bosco están impregnados de una visión pesimista de la humanidad, centrados en los pecados del ser humano que se representan con gran originalidad y un estilo grotesco que en la representación de figuras se acerca al surrealismo.

Cristo con la Cruz a Cuestas

 

 

En este cuadro conservado en el Monasterio del Escorial, el Bosco presenta la escena de forma muy original. Los personajes forman un cortejo procesional compuesto de hombres de apariencia burguesa y en actitudes impasibles, sin un ápice del dramatismo que suele acarrear dicha escena. Las figuras se hallan en un primer plano, abarrotadas y formando una composición diagonal. Cristo mira al espectador mientras carga con mansedumbre una enorme cruz en forma de “T” cuyo peso le obliga a encorvar el cuerpo mientras es ayudado por Simón el Cirineo (el hombre que viste túnica blanca). La procesión es dirigida por un soldado que lleva bordada en su capa una luna creciente, lo que lo identifica como un soldado turco, mientras que un esbirro vestido con túnica carmín extiende su ondulado látigo para golpear a Cristo. Al fondo de la escena, en mitad del paisaje se puede ver la abatida figura de la Virgen María que se apoya sobre el discípulo amado, Juan. Detrás de ellos, una construcción amurallada representa al modo medieval la ciudad de Jerusalén.

 

 

El Tríptico del Carro de heno

El tríptico puede ser interpretado temáticamente en su conjunto como el Camino de la Vida. En el reverso de los paneles laterales, representa a un anciano caminante que con su bastón aparta las tentaciones que le asaltan a lo largo de la vida. En el interior del tríptico figura la humanidad dada al libertinaje y las prácticas pecaminosas. El ala izquierda muestra el origen del pecado con varias escenas en el Paraíso Terrenal: la creación de Eva, la tentación de la serpiente y la Expulsión del Paraíso por el ángel, mientras que en la parte superior figura la caída de los ángeles rebeldes que se convierten en figuras híbridas de insectos bajo la mirada del Padre Eterno. En la tabla central se reproduce la lucha del ser humano por conseguir los placeres terrenales, figurados por la metáfora bíblica del Carro de Heno alusiva a lo efímero y perecedero de las cosas de este mundo. Sobre el carro se desarrolla el amor mundano, la vida que todos anhelan y tratan de alcanzar, personificado por una pareja cantando flanqueada por un ángel que reza hacia el Cristo Varón de Dolores que aparece entre las nubes, y por un demonio músico, que induce a la lujuria. Un cortejo de monstruos con cabezas de animales, alusivos a los pecados capitales, arrastran el carro y lo llevan al infierno. Tras el carro, vienen a caballo todos los poderosos de la tierra: el Papa, el Emperador, el rey, mientras que otros personajes de distintas condiciones sociales se afanan por alcanzarlo. Ninguno se libra del desenlace fatal, independientemente de su condición social.  En el ala derecha se representa el infierno, el destino al que van los pecadores, a los que se aplica terribles tormentos, como al glotón que es devorado por un monstruo con piernas humanas, o al envidioso que es descuartizado por un perro, y todo se desarrolla en torno a la torre de la vanidad que están construyendo unas figuras demoníacas.

Poco se conoce acerca de cuándo llegó la obra a la corte española. Sabemos que Felipe II adquirió una copia de El Carro de Heno a los herederos de Felipe de Guevara, copia que entraría en las colecciones del Monasterio de El Escorial en 1574. En cualquier caso, lo que sí es seguro es que la obra original se conserva en el Museo del Prado.

La Coronación de espinas

La escena que aparece representada es la coronación de espinas. Reproduce, al igual que en el Cristo con la cruz a cuestas a Jesús mirando fijamente al espectador, algo muy novedoso. También resulta llamativo que Cristo aparezca vestido con un manto blanco en vez de púrpura (como indican los Evangelios), algo que hace fijar la mirada del espectador en esta figura central de la obra. A su izquierda, un sumo sacerdote judío, distinguido con un cetro ornado con una efigie de Moisés con las tablas de la ley; y detrás otro espectador más, vestido elegantemente, que algunos investigadores consideran que es un autorretrato del Bosco. A la derecha de Cristo, figuran tres verdugos con fisonomías caricaturescas y feas, uno de ellos con un broche con el águila bicéfala imperial, como representante del poder civil. Al igual que podemos encontrar en la obra de El descendimiento  de Roger Van der Weyden, el fondo queda anulado por una capa de pan de oro, lo que centra totalmente la mirada del espectador en una escena en la que los personajes aparecen en primer plano. En torno al globo terrestre, se representa en grisalla parda una lucha caótica entre ángeles y diablos por la salvación de la humanidad.

Contamos con distintas composiciones casi idénticas de la misma obra, como la del Museo de Bellas Artes de Valencia, que presenta la particularidad de mostrarse en un tríptico con las puertas laterales del Prendimiento y la Flagelación, o las de la Fundación Lázaro Galdiano de Madrid o Museo Provincial de Segovia. El ejemplar de mayor calidad artística es el de El Escorial, razón por la que se ha venido considerando como un original de época tardía del pintor, por la técnica tan evolucionada y el empleo del extraño fondo dorado. La tabla llega al Monasterio de El Escorial en 1593, procedente de la almoneda de Fernando de Toledo (+1591), Gran Prior de la Orden de San Juan e hijo natural del gran duque de Alba, a quien acompañó en sus hazañas militares por Alemania, Flandes, Italia y Portugal.

 El jardín de las delicias

 

Esta obra de carácter moralizante es una de las creaciones más enigmáticas, complejas y bellas de El Bosco, pintor flamenco que fue muy apreciado por Felipe el Hermoso y, especialmente, por su nieto, Felipe II, que adquirió un gran número de sus obras. Dada su complejidad lo mejor para su correcta comprensión es ir viendo los temas que aparecen en cada una de las tablas del tríptico.

En el reverso de los paneles laterales, es decir, en la zona que se vería cuando el tríptico estuviera cerrado, el Bosco ha reproducido en grisalla el tercer día de la creación del mundo. Su monocromía contrasta con la brillantez de los colores que presenta el tríptico abierto.

El panel izquierdo está dedicado al paraíso terrenal con la fuente de los cuatro ríos en el plano medio. El momento escogido por el Bosco es la presentación de Eva a Adán, un tema poco frecuente en las representaciones del Paraíso. Entre ambos, se encuentra Dios Padre que sorprendentemente tiene los rasgos de Cristo. A la izquierda, hay un drago, árbol típico de Canarias asociado con el Árbol de la vida y a la derecha, en segundo plano, el Árbol de la Ciencia del Bien y del Mal con la serpiente enredada en su tronco.

El panel central, conocido como el Jardín de las Delicias, muestra a la humanidad entregada al pecado y al placer desenfrenado. El Bosco incluye un gran número de hombres y mujeres blancos y negros todos desnudos y manteniendo relaciones, y una elevada carga erótica o sexual alusiva al tema que domina en toda la escena: el pecado de la lujuria, aunque no sea el único que representa el Bosco en este panel. Los animales, reales o fantásticos, tienen un tamaño muy superior al normal, lo mismo que sucede con las plantas y frutas. Es el mundo al revés. En la zona inferior izquierda destaca la pareja en un globo de cristal cuarteado que parece ilustrar un refrán flamenco que dice: “La felicidad es como el vidrio: se rompe pronto”. Bajo ellos, un hombre observa a través de un tubo de cristal, en el que hay un ratón, como un marido engañado lleva a sus espaldas a los amantes encerrados en un mejillón, representación del sexo femenino. En la zona central del panel el Bosco representa un estanque lleno de mujeres desnudas. A su alrededor, gira un grupo de hombres montados sobre cabalgaduras diversas que simbolizan los diferentes vicios. En la zona superior, el pintor incluye cinco construcciones fantásticas sobre el agua. La que ocupa el centro, es similar a la fuente de los cuatro ríos del Paraíso pero está resquebrajada, alusión sin duda a su fragilidad, a su condición efímera, como también lo son las delicias que gozan los seres humanos que habitan en el jardín. El mensaje que transmite esta tabla es el carácter pasajero del goce de esos placeres pecaminosos. A eso se refería en 1604 el Padre Sigüenza cuando describe esta obra en el Escorial y habla de “la gloria vana y breve, gusto de la fresa o madroño, y su olorcillo que apenas se siente cuando ya es pasado”.

Pasando ya al panel derecho, nos encontramos con un mundo fantasmagórico de pesadilla, donde aparecen todo tipo de hombres y monstruos sometidos a horribles torturas en un paisaje nocturno. Es el infierno. La composición está dominada por el llamado “hombre árbol”, con los pies en dos barcos. Parece ser una representación del demonio que contempla impasible los castigos de los hombres que han pecado. Los gigantescos instrumentos musicales, anteriormente fuente de placer, se han convertido ahora en objetos de tortura y ruido infernal. A la derecha, un monstruo sentado devora hombres y los arroja a un pozo negro donde se ven caras humanas. Esta obra tuvo una enorme influencia sobre los pintores surrealistas del siglo XX.

Obras de referencia para estudiar a El Bosco

La bibliografía escrita que encontramos sobre El Bosco en España es profusa y de un alto nivel de especialización. Precisamente por conservarse la mayor parte de sus obras en nuestro país han corrido ríos de tinta sobre el artista y sus producciones. Por si te interesa saber más sobre este genial personaje y sus cuadros, he seleccionamos dos publicaciones te pueden interesar.

Como primera aproximación, te recomendamos adquirir el catálogo que nos ofrece el Museo Nacional del Prado.

Fue preparado en el año 2016 con motivo de la exposición del V centenario de la muerte del pintor y en la que se reunieron la práctica totalidad de obras del artista. La gran cantidad de imágenes en alta resolución y los numerosos detalles de la obra te harán la lectura llevadera. Además, estas imágenes van acompañadas de información acerca de la biografía del pintor y de su familia, su estilo, sus obras y sus comitentes y todo ello de la mano de expertos. Si te has quedado sorprendido con El Jardín de las Delicias, el historiador del arte alemán Hans Belting ofrece un análisis profundo de la obra, sobre todo en aquellos aspectos teóricos que se hallan detrás de tan emblemáticas representaciones, todo ello en un libro breve y de desarrollo ligero.

Bibliografía y recursos:

Nuestros últimos post
Únete a Arkeo Tour.

¿Sabes la historia de tu ciudad y te encantaría contársela a los turistas que nos visitan?

¿Te apasiona la Historia, el Arte o la Arqueología?

Si tienes:

  • Conocimientos sobre Historia, gestión del patrimonio, Historia del Arte o Turismo
  • Experiencia en el sector
  • Fluidez en inglés y un segundo idioma (francés, alemán, lengua de signos, etc…)
  • Habilidades comunicativas
  • Carácter extrovertido y amigable
  • Gusto por el trato con las personas
  • Pasión por conocer diferentes culturas y modos de vida a través de nuestros turistas

No lo dudes y escríbenos.

¡Te estamos buscando!

Rellena el formulario y da el primer paso.

Nombre(Obligatorio)
Tipos de archivos aceptados: pdf, doc, docx, Tamaño máximo de archivo: 10 MB.
Consentimiento(Obligatorio)
  1. Responsable de los datos: Diego Merino del Valle
  2. Finalidad de los datos: Gestión de su consulta/solicitud remitida a través de nuestra página web.
  3. Legitimación: Su consentimiento expresado por la marcación de la casilla de verificación.
  4. Destinatarios: No se cederán datos a terceros, salvo obligación legal.
  5. Derechos: Acceder, rectificar, suprimir u oponerse a la gestión de sus datos, así como otros derechos recogidos en la Política de Privacidad.