Más de 1.500 años de presencia judía en Mallorca

 

Conocer el pasado judío de Mallorca es adentrarse en una de las presencias más antiguas de este pueblo en el Mediterráneo occidental y en España. ¿Quieres saber por qué conocemos más de 1.500 años de presencia judía en Mallorca? Aquí te lo explicamos.

 

Probablemente los primeros contactos de los judíos con Mallorca y el resto de las Islas Baleares fueron alrededor del siglo V Antes de la Era Común (A.E.C).  Entonces el archipiélago figuraba bajo el control de la federación fenicia en la que habitaban los hebreos. Además, hay que tener en cuenta que existen indicios de que algunas comunidades judías se refugiaron en la actual España durante el periodo neobabilónico, que finalizó en el 539 A.E.C y que se han descubierto vestigios judíos en el Mediterráneo español que datan del siglo II A.E.C. De todos los territorios de Hispania, los más próximos a Israel y con más posibilidades de interconexión, fueron las Baleares.

Sin embargo, el primer documento histórico que menciona en las Baleares a la comunidad judía es una epístola del obispo Severo de Menorca, del año 418 de la Era Común. El líder de la comunidad católica, no obstante, describe a una comunidad judía muy poderosa, consolidada e influyente, por lo que es fácilmente deducible que acumulara ya décadas o siglos de asentamientos.

Del mismo modo, se han hallado inscripciones funerarias y elementos religiosos judíos anteriores a la dominación musulmana del archipiélago, que comenzó en el 903 (E.C.). Otros documentos, como las crónicas de los ataques catalanes contra Mallorca de 1114 y 1229, informan de la existencia de importantes comunidades judías en la isla, a las que se añadieron las formadas por aliados de Jaime I en la definitiva conquista de esta perla del Mediterráneo.

 

Los barrios judíos y la persecución religiosa

 

Actual barrio de La Calatrava

 

El primer barrio judío posterior a la conquista de 1229 por parte de las tropas de la Corona de Aragón se hallaba en las proximidades del antiguo puerto de Palma, cerca de los actuales palacio de la Almudaina, huerto del Rey, palacio March y de la sede del Parlamento de Les Illes Balears. Sin embargo, en pocas décadas los judíos se desplazaron desde esta zona al actual barrio de La Calatrava, al Este de la ciudad.

El área consistía en seis grandes bloques conectados por las vías calle del Sol, calle de Montesión y calle del Seminario Antiguo y llegó a disponer de al menos tres sinagogas. De hecho, las actuales iglesias de Santa Fe y de Montesión están levantadas sobre las sinagogas menor y mayor, respectivamente.

La Iglesia de Montesión mantiene el que es conocido como “muro de las lamentaciones” de Mallorca, pues se presume que es parte del legado de la antigua sinagoga mayor.

 

Portada actual de la iglesia de Montesión

 

La población judía, forzada a vivir dentro del “Call”, creció rápidamente y fue fruto de la ira de la población campesina que se levantó contra el poder en 1391. Justo en esos años falleció Abraham Cresques (en 1387), quien fue autor del “Atlascatalán”, obra que utilizó su hijo Jehuda (o Jafuda) Cresques en la dirección de la Escuela de Sagres, favoreciendo la ruta de los descubrimientos de Portugal, y que se encuentra hoy en la Biblioteca Nacional de Francia.

Tras casi cinco décadas de revueltas y sermones contra los judíos, en 1434 deja de haber huella oficial de la práctica del judaísmo. Sin embargo, comienza un período de más de 500 años de criptojudaísmo repleto de conversiones simuladas con sus correspondientes torturas, discriminaciones, trastornos mentales e, incluso, asesinatos.

En paralelo a las persecuciones avanzaba la construcción de la catedral de Mallorca, cuyo rosetón posterior dibuja una estrella de David sobre el altar, que puede ser una manifestación de criptojudaísmo.

 

catedral Mallorca Palma
Catedral de Mallorca con el detalle del rosetón

 

 

Los chuetas

A partir del siglo XV una parte de los conversos mantienen su identidad prácticamente a escondidas, aunque bajo sospecha e investigaciones. La situación se agravó a partir de la expulsión recogida en los edictos de los Reyes Católicos, dando lugar a la historia de los chuetas o xuetes, que se cree que tenían sinagogas secretas, como una ubicada en un antiguo horno. La Iglesia Católica identificó más de 300 familias judías conversas, si bien algunas mantuvieron la práctica del judaísmo a escondidas, por lo que llevaron a cabo diferentes autos de fe, especialmente en el siglo XVII.

En 1691 llegaron a morir en la hoguera decenas de personas acusadas de practicar el judaísmo, además de que muchas otras fueron desposeídas de todos sus bienes. Niñas como Úrsula Forteza, de 14 años, fueron interrogadas por los inquisidores, pues consideraban una herejía que la pequeña supiera leer. Decenas más fueron castigados a abjurar en público de sus supuestas creencias judías, otros recibieron 200 latigazos y a cientos se les incautaron todos sus bienes.

Pero la condena no terminó ahí. Los sambenitos de los condenados, con sus apellidos escritos sobre la tela, estuvieron expuestos al público en la iglesia de Santo Domingo de Palma hasta 1813, cerca del mismo lugar donde se estableció el primer barrio judío de Palma en el siglo XIII.

 

Actualidad

A principios del siglo XIX se vislumbraba ya el avance de la libertad religiosa garantizada en la Constitución de 1812. De ese modo, y a pesar de las resistencias ultracatólicas que se manifestaron a lo largo del siglo XIX y del siglo XX, la comunidad chueta de Mallorca ha recuperado sus libertades y se muestra orgullosa de su legado. De hecho, más allá de las historias dramáticas protagonizadas especialmente entre el siglo XIV y el siglo XVII, los judíos mallorquines han influido en la cultura local, favoreciendo la aparición de algunas recetas de cocina como las de las tradicionales “panades” (empanadas) o los “crespells” y ya desde el siglo XX participando activamente en la vida política, cultural y social de la ciudad.

En la actualidad conforman la comunidad chueta de Mallorca entre 15.000 y 30.000 personas. Por esto es normal que tengamos constancia de más de 1.500 años de presencia judía en Mallorca. Según la investigadora de la Universidad de Les Illes Balears, Joana Francesca Ferragut Simonet, “los resultados del ADN mitocondrial en los chuetas han indicado altos niveles de diversidad. Aunque se encuentran líneas evolutivas (haplogrupos) europeas en los apellidos maternos, también hay señales claras de su origen en el Oriente Medio. El hecho más distintivo es que el haplogrupo mayoritario en los chuetas es el raro linaje R0a2m, que presenta una mutación específica que define una nueva sub-rama, no descrita previamente en ninguna otra población”.

Por ende, más allá de la herencia material y monumental de los judíos en Palma, el visitante tiene la oportunidad de compartir momentos con una población que ha sido estudiada por sus características genéticas por universidades de todo el mundo. Y por lo tanto ya podemos decir que existen más de 1.500 años de presencia judía en Mallorca.


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