Miguel de Cervantes en Madrid

Muchos episodios de la vida de Cervantes inscriben su obra de forma determinante. Su vida en Madrid será uno de los más significativos ya que allí estudiará de joven, vivirá durante varios años, imprime la mayor parte de su obra y será donde fallece.

En este artículo, daremos un repaso a su trayectoria en la ciudad de Madrid y más ligeramente en la zona de Alcalá de Henares, cuna y ciudad natal del dramaturgo. Para ello, vamos a centrarnos en los datos biográficos que tenemos suyos y que acaecen en este lugar donde Miguel de Cervantes, como un vecino más, vivirá toda clase de sucesos que marcan su vida, pero sobre todo marcarán gran parte de su obra, en la que muchas veces la ciudad aparece como telón de fondo.

Miguel de Cervantes y su eterna impronta en Madrid

Madrid fue una ciudad grandiosa para nuestro autor al igual que Cervantes fue un Grande para ella. Hoy, gracias a las fuentes, sabemos que Cervantes pasará en este lugar, distribuidos en varias etapas, dieciocho de los sesenta y nueve años de su corta y desventurada vida, como veremos a continuación.

En el Estudio de Gramática de López Hoyos:

Los primeros pasos Miguel de Cervantes y Saavedra nació en 1547, en la vecina ciudad de Alcalá de Henares. Poco sabemos a cerca de su infancia y juventud y podemos localizarlo sirviendo en la Corte desde 1566, a la edad de diecinueve años.

Por aquel entonces estuvo viviendo en la calle de San Justo, cerca de la plaza de la Villa, que se extiende desde la plaza del Cordón hacia la calle de Segovia. Ya sabe leer y escribir y será allí donde estudiará el bachillerato filipino en la Escuela de Gramática de López de Hoyos, catedrático de gramática y regente de la citada institución localizada en la calle de la Villa.

Su maestro, tras darse cuenta del don de Cervantes como buen escritor, le encarga escribir unos poemas conmemorando la muerte de la reina Isabel de Valois, fallecida tras un parto arriesgado en 1568.

Por desgracia, de esta escuela hoy no queda nada, salvo la placa conmemorativa sobre el edificio actualmente allí presente, el cual es bastante posterior. La placa fue colocada allí gracias a la petición de Mesonero Romanos y costeada por la Condesa de la Vega del Pozo, dueña del edificio del siglo XVI que albergó la primitiva escuela. El texto dice:

Aquí estuvo en el siglo XVI el Estudio Público de Humanidades de la Villa de Madrid, que regentaba el maestro Juan López de Hoyos y al que asistía como discípulo Miguel de Cervantes Saavedra.

Su estancia en la Corte, de poca duración, se ve interrumpida por los siguientes acontecimientos:

  • Una disputa en la corte que le hace huir
  • Su lucha en la batalla de Lepanto, donde quedo prácticamente manco
  • El cautiverio en Argel, cuando fue capturado en su vuelta
  • Los varios intentos de fuga hasta quedar totalmente en libertad…

Cervantes en Lepanto, imaginado por el pintor Augusto Ferrer-Dalmau en 2016.

Hasta la llegada del verano de 1579, que será por fin gracias a su madre, Leonor de Cortinas, quien sabemos que se dirige al convento de la Merced en la actual plaza de Tirso de Molina, con la suma de 300 ducados para pagar la libertad de su hijo, preso en Argel durante aquel momento. Un año después los frailes del convento cierran el trato con el gobernador de Túnez en 500 escudos de oro.

Cervantes vuelve a Madrid por segunda vez hasta que otro suceso le obligará a huir de la Corte, motivado por los amoríos con una tabernera de la calle de Tudescos, una moza de diecisiete años llamada Ana Franca, con la peculiaridad de que la joven estaba casada.

Durante esa época reinaba en España Felipe II y el adulterio era un delito penado muy duramente, pudiendo ser el mismo marido ultrajado, previo permiso de la justicia, quien ejecutaba a los amantes de forma pública.

Tras pedir consejo a la mujer de su camarada el poeta Pedro Laínez, sobre qué hacer ante tan desvergonzada acción, esta le indica que la mejor solución es contraer matrimonio rápidamente, para ganarse el afán de hombre respetable y de buena moral.

Dicho esto, Miguel de Cervantes se casará con su mujer de siempre, Catalina de Salazar, natural de Esquivias (Toledo). Probablemente fuera en aquella localidad donde pudo escribir parte de su obra magistral,  El Quijote, continuándola en diferentes puntos de España y concluyéndola finalmente en Valladolid.

El Quijote, un éxito rotundo

No solo en España, también en Francia, Inglaterra y otros reinos a donde llegó y en una sociedad en la que únicamente sabían leer y escribir solo un 10% de la población.

Cervantes seguía siendo un hombre pobre, pero la gente se enriquecía con la grandeza de su obra, la cual tuvo tal aceptación y éxito que incluso llegó a haber ediciones piratas.

Será la imprenta de Juan de la Cuesta de la calle Atocha (de nuevo en Madrid) la que le dará la vida y donde nacerá el ejemplar exclusivo que será vendido en la tienda del editor Francisco de Robles, en la calle de Santiago. En este comercio, Cervantes cobra la parte que le corresponde por la venta de los varios ejemplares de sus obras y también se reúne y coincide frecuentemente con otros autores.

La imprenta de Juan de la Cuesta: ha nacido una estrella

Las primeras ediciones de los libros de Miguel de Cervantes fueron publicadas en su gran mayoría en Madrid, todas excepto La Galatea, esta última se imprimió en Alcalá de Henares.

Obras tan relevantes como El ingenioso hidalgo Don Quijote de La Mancha, fueron impresas en la imprenta de Juan de la Cuesta. Se trataba de una impresión de mala calidad con pocos medios y un uso de materiales un tanto pobre, pero lo suficiente como para poder darle vida a la novela, publicarla y hacerla llegar a todos.

Esta imprenta, que, a diferencia de los demás edificios, aún se mantiene en pie en un estado de conservación bastante aceptable y se localiza en el 87 de la calle de Atocha se construyó entre 1592 y 1620, sirviendo primero con función de centro sanitario y nombrado como el Hospitalillo de los Incurables del Carmen.

En 1905, se colocó una lápida de bronce y piedra, cuyo alto relieve escultórico representa una escena de El Quijote y puede leerse también una inscripción conmemorativa que alude a la imprenta y a la fecha en la que se imprimió esa primera edición de la novela.

Hacia 1981, el lugar se declara como Monumento Histórico- Artístico de carácter nacional y durante 2005 comienza a formar parte de la Sociedad Cervantina de Madrid, con la intención de ubicar un museo del autor en el inmueble.

 

Portada de La Galatea (1585), primera obra publicada por Miguel de Cervantes. Primera edición del Quijote (1605).

Edición de la 2ª parte del Quijote

Durante 1615, surge la edición de la segunda parte de El Quijote, probablemente movida por la misteriosa publicación del Quijote de Fernández de Avellaneda en 1614 y que se llevará a cabo como no, en la imprenta de Juan de la Cuesta, pero esta vez ya no en el local de Atocha, sino en el nuevo local reubicado en el cruce de las calles de San Eugenio y Santa Isabel, lugar donde se había mudado la viuda de Juan de la Cuesta.

Aquí, sin embargo, sí que podemos lamentarnos de que esta primitiva construcción no se conserva. De nuevo, una lápida nos recuerda el lugar y la fecha del gran acontecimiento, digno de memorar de alguna forma, aunque sea en letras de bronce sobre un bello soporte de mármol. Por supuesto, Madrid, será citado en multitud de capítulos de la 2ª Parte, unas veces como fondo arquitectónico, otras simplemente nombrado.

El barrio de las Letras y la segunda parte del Quijote

Esta zona comprendida entre las huertas del prado y los corrales de Comedias de la calle del Príncipe surge a finales del siglo XVI como escenario marcado por las amistades, pero también por los ultrajes, de los más grandes escritores de la lengua española del momento.

En 1608 a la edad de sesenta y un años, Cervantes vuelve a Madrid siendo ya un escritor conocido y admirado, reside en Atocha y será ahora cuando prueba suerte en el teatro, sin mucho éxito teniendo a figuras como la de Lope de Vega compitiendo con él.

Nuevamente en Madrid, Cervantes y la familia se establecen en el barrio de las Letras en varias casas y apartamentos de alquiler. En todas escribirá algo, siendo en la de Huertas donde seguramente escriba la segunda parte del ingenioso hidalgo Don Quijote de La Mancha.

Entre 1605 y 1612 se funda la Academia de un importante conde, hijo del Duque de Lerma, donde también asistió Cervantes y a la vez coincidía con otros literatos y Grandes de España.

Por aquel entonces ya pertenecía a la Venerable Orden Tercera de San Francisco, la que se hizo cargo de su futuro enterramiento, dada la pobreza que sufrirá el autor.

1609 fue un gran año de inspiración que animó a Cervantes a aumentar su producción literaria desde que se muda a la calle de la Magdalena, cerca del Estudio de la Compañía de Jesús, al que asistía frecuentemente junto a otros autores como Quevedo para participar en las tertulias literarias. Cervantes visitó también otras academias como la Academia Salvaje en el palacio de Francisco Silva localizado en la calle Cañizares.

Podemos hacernos una idea de las viviendas en las que reside en el Barrio de las Letras: en un primer momento se instaló en la calle del León, después en el que se corresponde con el actual 18 de la calle de las Huertas donde hoy encontramos la Casa de Alberto.

También vivió en un inmueble de la Plaza de Matute y por último retorna a la calle del León, a una vivienda nueva en su totalidad por lo que tuvo que esperar a que su finalizara su construcción pero que estaba lado del Mentidero de Representantes, donde se reunían artistas y autores durante los momentos en los que no había representaciones teatrales.

Esta última vivienda es importante sobre las demás ya que será el lugar donde falleció y escriba su obra póstuma, Los trabajos de Persiles y Sigismunda, que dedicará al conde de Lemos, defensor y mecenas del escritor. A pesar de tal importancia y de la oposición popular, el hogar de este personaje tan ilustre acabó siendo demolido. Destaca la labor por evitar su derrumbe, una vez más del gran Mesonero Romanos, quien para ello además publica un artículo en La Revista Española, bajo el título ‘La casa de Cervantes’.

El escrito acabó llamando la atención del mismísimo Fernando VII, quien propuso que la propiedad fuera comprada por el Estado, propuesta que no fue lo suficientemente fuerte como para impedir finalmente el trágico suceso.

Será Luis Franco, propietario del bloque donde se situaba la vivienda, quien tendrá la última palabra, procediendo a su derribo motivado por el crecimiento de la demanda en el mercado inmobiliario y obviando cualquier otra consideración cultural que pudiera darse. Sobre el solar, hoy un bloque de apartamentos sustituye indiferente a la majestuosa propiedad. Un año después, una vez más, fue inaugurada una lápida conmemorativa de mármol de Carrara y letras de bronce.

Aquí vivió y murió Miguel de Cervante Saavedra, cuyo ingenio admira el mundo. Falleció en MDCXVI.

Un tema que creó mucha controversia, pues no es la primera casa de un personaje ilustre que se derriba en Madrid y que después queda señalada, donde la premisa parece ser “demolemos primero, luego colocamos la placa”. Tiempo después la calle de Francos cambiará su nombre por calle de Cervantes a petición del acalde de aquel momento, el Marqués de Pontejos.

Cervantes morirá en su casa y trasladan el cuerpo al convento de las Trinitarias Descalzas el 22 de abril de 1616, fecha que se corresponde con el día en el que recibe sepultura en este convento donde profesaba como religiosa su hija Isabel.

Monasterio de las trinitarias descalzas, el último adiós

Tras el momento de la muerte, el cuerpo de Cervantes fue trasladado desde su lecho de la casa del León hasta el Monasterio de las Trinitarias Descalzas de San Ildefonso, localizado en la actual calle de Lope de Vega, por aquel entonces Cantarranas.

El cadáver fue conducido por los franciscanos de la Orden Tercera hasta la austera sepultura, vestido con una sencilla mortaja y con la cara descubierta. El enterramiento no pudo ser más humilde.

A pesar de las reiteradas búsquedas durante el reinado de José I y a mediados del siglo XX, desafortunadamente, los rastros del entierro no se conservan, desaparecieron durante las obras de reforma y ampliación del convento no mucho tiempo después de la muerte del dramaturgo.

Ilustre personaje del que hemos perdido sus restos, pero no sus huellas.

Otra vez tenemos que contentarnos con la esperada y cotizada placa conmemorativa de la fecha de su muerte y el lugar de su entierro, presente en la fachada del monasterio, bajo propuesta de la Real Academia de la Lengua. En comparación con las demás lapidas cervantinas, cabe decir que esta es la más majestuosa, ejecutada en mármol de Italia por el escultor aragonés Ponciano Ponzano durante 1869.

Estatua de Miguel de Cervantes en la Biblioteca Nacional de España, en Madrid.

Recientes búsquedas de los restos de la exhumación de Miguel de Cervantes, han tenido lugar en la cripta hallada bajo este convento, donde un gran equipo de personas formados por varios especialistas historiadores, antropólogos, médicos, etc., se han reunido para acreditar la pertenencia de tal hallazgo a Cervantes y sus familiares.

Hasta hoy, dada la documentación aportada por los expertos, podemos afirmar que los restos de las personas inhumadas en esta primitiva iglesia del convento de las Trinitarias Descalzas de Madrid, entre los que se hallaban los del autor y su mujer, fueron exhumados y trasladados a la cripta de la actual iglesia de San Ildefonso.

Rincones de Madrid con la marca cervantina

En Madrid encontramos la huella de Cervantes en otros muchos lugares, que, aunque están fuera del entorno en el que se movió, también le rinden homenaje. Sobre todo, y es en el Barrio de las letras el lugar en el que más huellas cervantinas veremos.

Donde ahora se sitúa el Teatro Español hubo un tiempo en el que estuvo el Corral del Príncipe, uno de los seis corrales de comedias que llegó a haber en Madrid durante el Siglo de Oro y donde Cervantes llevará a escena muchas de sus obras.

Entre los siglos XIX y XX la figura del novelista toma forma mediante de numerosos monumentos en su honor. Asimismo, el instituto encargado de divulgar el estudio de la lengua y la cultura españolas lleva su nombre y posee su sede en Madrid.

Efectivamente, nos referimos al Instituto Cervantes, en el 49 de la calle Alcalá se erige la institución representante de la promoción y la enseñanza del español por excelencia. Su sede central se encuentra en el edificio de las Cariátides, el antiguo Banco Español del Río de la Plata, una obra arquitectónica a cargo del maestro Antonio Palacios que hoy acoge actividades culturales como conferencias y exposiciones entre otras.

Cerca de tal sitio, la escultura de la Plaza de las Cortes, una estatua – monumento a Cervantes del escultor Antonio Solá, fechada en 1835 y costeada por limosnas recaudadas en órdenes religiosas. El escultor plasmó a Cervantes tal y como él era, de espaciosa frente, mirada yerma, en actitud de andar, su brazo manco cubierto con la capa y portando una maraña de papeles con la otra. Durante 2009, debido a unas obras de restauración, aparece bajo la escultura una “cápsula del tiempo”, con 41 documentos, entre ellos:

  • Cuatro antiguos tomos del Quijote de 1819
  • Un libro de la vida de Miguel de Cervantes del siglo XIX
  • Otras viejas publicaciones, y
  • Medallas y monedas en buen estado de conservación

Agradecemos la petición por parte de José Bonaparte durante su reinado para que se conservaran monumentos, lápidas o bustos de personajes ilustres y por la cual se conservan estatuas como esta.

Especial mención también a la Biblioteca Nacional de España, ya que alberga entre sus colecciones un ejemplar de la primera edición de El Quijote y además conserva todo tipo de curiosidades afines al personaje. Entre las esculturas de su fachada, aparecen Cervantes y otros autores como Lope de Vega, Antonio de Nebrija y Luis Vives.

El monumento del conjunto escultórico de Plaza de España, erigido bajo Real Decreto y para conmemorar el III Centenario del Quijote. La conclusión de la obra al completo tendrá lugar varios años después de su inicio, en 1960. Los materiales usados fueron granito, piedra roja de Sepúlveda y bronce. Aparecen presidiendo el conjunto Don Quijote y Sancho, a los lados Aldonza y Dulcinea, en medio la cruz de la Orden de los Trinitarios. Más atrás, cervantes en el centro, sentado con el libro del Quijote en la mano, a los lados, grupos de Rinconete y Cortadillo y la Gitanilla. En las cuatro esquinas varios escudos heráldicos, en la parte alta la representación de los cinco continentes y en la parte posterior la figura de las personificaciones de la Literatura, acompañada por el Valor y el Misticismo.

La gitanilla (F. Coullaut-Valera, 1960). Detalle del monumento a Cervantes de la Plaza de España de Madrid.

Otras obras algo más recientes, como la escultura de Luis Sanguino, del 1999 en la avenida de Arcentales, en el Barrio de las Rosas. Infinitas referencias topográficas y calles dedicadas al autor y a sus obras: calle Cervantes, donde vivió y murió; calle de Don Quijote en el barrio de Cuatro Caminos, anexa a esta la calle Dulcinea; En puente de Vallecas la calle Sancho Panza. En el Barrio de Tres Olivos se encuentran también calles relacionadas con el Quijote: calle del Ingenioso Hidalgo, calle Cueva de Montesinos, calle Rocinante, etc.

Encontramos a Cervantes alrededor de todo Madrid: centros culturales, hoteles, instituciones, etc.

  • En la verja del Jardín Botánico vemos una placa en la que pueden leerse unos versos de Viaje al Parnaso
  • En la plaza de Oriente, vemos una inscripción que conmemora la participación de Cervantes en la batalla de Lepanto
  • En una de las fachadas de la Real Academia Española aparece su nombre junto al de otros humanistas.

Todo un sinfín de lugares, marcados por su presencia eterna. Incluso el Tren de Cervantes, una curiosa y entretenida forma de acercarse a conocer Alcalá de Henares y continuar empapándonos del autor es mediante este tren.

Funciona principalmente en primavera y otoño haciendo viajes desde la estación de Atocha. Durante el trayecto, el viaje es amenizado por un pequeño grupo de actores que interpretan y recrean algunos fragmentos de los entremeses cervantinos. Además, en el viaje, unas azafatas reparten dulces típicos de Alcalá de Henares. Tras haber visitado la ciudad a cargo de un grupo de guías profesionales, en el tren de vuelta hacia Madrid se sortea un libro del Quijote. 

Visitas guiadas en Madrid, Arkeo Tour

Viaja al Siglo de Oro español visitando uno de los barrios más queridos por los madrileños. En sus estrechas calles y bulliciosas plazas han vivido todo tipo de personajes pintorescos, muchos de los cuales sirvieron para inspirar a los grandes de la literatura española, como Lope de Vega, Francisco de Quevedo, Luis de Góngora o el propio Miguel de Cervantes.

Conoce parte de nuestra historia y nuestra literatura en esta visita guiada por el llamado Barrio de las Letras, un lugar en el que se aún respira arte y talento. De la mano de hidalgos, damas, mercaderes y sacerdotes salidos de los libros, te mostraremos una oferta cultural y de ocio impresionante y un Madrid que no conocías.

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