Balansiya, cuando Valencia fue árabe بلنسية فالنسيا العربية

«Balansiya es la apoteosis de la belleza”, escribía en algún momento entre los siglos XII-XIII el poeta Ibn Hariq Al Balansí, “el valenciano”. Porque hubo un tiempo en el que Valencia fue árabe, y a día de hoy todavía sigue siéndolo un poco. Basta con dar un paseo por el centro de la ciudad para, si miramos atentos, descubrir los vestigios de aquella espléndida ciudad que enamoró a los poetas andalusíes.

Hoy queremos proponerte algo más que un simple paseo: un viaje al pasado, a la Valencia mora, a través de los 5 sentidos. ¿Nos acompañas?

Balansiya, cuando Valencia fue árabe بلنسية فالنسيا العربية

Antes de iniciar la ruta, queremos contarte cómo empezó la historia de Balansiya. Fue en la primavera del año 711 cuando las tropas de Musa y Tariq cruzaban el estrecho y ponían por primera vez sus pies en la bahía de Algeciras. El resto ya lo conoces. En solo siete años, las banderas de la media luna ondeaban en casi todo el territorio de la Península Ibérica, a excepción de los peleones reinos visigodos del norte.

Así comenzaba el esplendor de Al-Ándalus, y también el de uno de sus territorios: Balansiya.

Este fue el nombre de la Valencia árabe, primero capital de la kura de Balansiya y más tarde de la taifa con el mismo nombre. Han pasado ya varios siglos desde que el rey Jaime I, en el año 1238, conquistara la ciudad para los cristianos. Pero el tiempo no ha borrado la huella de Balansiya.

Todavía hoy se puede ver, oír, oler, saborear y sentir su legado. Y si no lo crees, te invitamos a recorrer juntos esta ruta de los sentidos por la antigua medina de Valencia. ¡Arrancamos!

Una mirada a la muralla árabe de Valencia

Caminar por las callejuelas del Carmen es todo un viaje al pasado. Situado en el corazón de la ciudad, este barrio está formado por capas de historia, algunas de las cuales se conservan en el Museo Arqueológico de la Almoina.

Por desgracia, los restos materiales de la Valencia árabe han desaparecido casi por completo. Pero si abres bien los ojos aún puedes encontrar algunos restos confundidos entre el actual urbanismo. Como por ejemplo ciertas partes de la muralla de Balansiya, levantada en el siglo XI durante la época de taifas. Eso sí, ¡para localizar algunos de ellos tendrás que fijarte bien!

Del recinto amurallado de la Valencia islámica no se ha conservado ninguna de las siete puertas o “babs” que llegó a tener en su época de mayor esplendor. Sin embargo, sí que podemos encontrar dos pequeñas torres macizas de planta semicircular: la Torre del Ángel, justo en la esquina de las calles del Ángel y Beneyto Coll, y a escasos metros la Torre de la Mare Vella, haciendo chaflán con las calles Tenerías y Borrás.

Lo más curioso de estas construcciones es que han quedado integradas en diversos edificios de viviendas, tanto que en ellas se abren ventanas de pisos o incluso podemos ver una terraza particular.

¿Te imaginas tomar el sol en tu hamaca sobre una muralla con diez siglos de historia?

A mitad distancia entre ambas torres se encuentra el icónico Portal de la Valldigna. Si has tenido el placer de recorrer el barrio del Carmen seguro que lo has visto, porque no pasa desapercibido.

En origen se trataba de un muro del recinto defensivo que más tarde, en el año 1400 y bajo dominio cristiano, fue abierto para crear un acceso al antiguo barrio de la morería. Para ello se construyó un arco de medio punto de inconfundible factura gótico valenciana, aunque lo que más llama la atención es el retablo que podrás ver justo encima: data del 1589, está dedicado a la Virgen María y en él podrás distinguir la figura de Jaime I.

Después de hacernos una foto bajo el portal (esto no puede faltar), nos encaminados a la cercana plaza del Tossal.

Si eres amante de la arqueología estás de suerte, porque en el subsuelo de esta emblemática y fiestera explanada se encuentra una galería dedicada a en exclusiva a la muralla árabe de Valencia, y que alberga diversos restos de la misma.

Y ya por último, si tanto paseo te ha abierto el apetito, puedes aprovechar para acercarte hasta la calle Roteros, al lado de las famosas Torres de Serranos. En el número 5 encontrarás el horno Montaner, donde podrás contemplar parte de la muralla integrada en su pared, y ya de paso degustar alguna de las especialidades locales.

Y hablando de comida…

El sabor de Balansiya

Si con tanto paseo se te ha abierto el apetito, escucha con atención. Porque ahora ha llegado el turno de abrir un nuevo sentido: el del gusto.

La gastronomía de la Valencia árabe fue tan exquisita y variada como lo era la del conjunto de Al Ándalus: carnes, pescados, sopas, diferentes tipos de cereales (por supuesto cuscús), legumbres, dulces y turrones… Pero los productos imprescindibles en las cocinas andalusíes, y base de la alimentación de la época, fueron las verduras y hortalizas frescas. Y en Balansiya no iba a ser diferente. Aquel importante enclave urbano no podía entenderse separado de la huerta que le rodeaba, como tampoco podemos concebir a la Valencia actual al margen de sus regadíos.

Las verduras y hortalizas se empleaban en todo tipo de guisos, como purés acompañados de pan o en ensaladas aderezadas con un buen aceite de oliva y aceitunas.

¡Ahora seguro que sí tienes hambre!

Pues tenemos para ti una recomendación culinaria: Balansiya. Pero no la ciudad, sino un restaurante de comida andalusí situado en pleno barrio universitario.

Se encuentra un poco apartado del centro de la ciudad, pero es una visita obligada si quieres conocer los auténticos sabores de la Valencia musulmana. Lo reconocerás enseguida por sus coloridas puertas de madera, las mismas que te transportarán a otra época una vez las hayas cruzado.

Este restaurante es un verdadero oasis de calma, con una decoración digna del mismísimo palacio de Las mil y una noches.

En su carta encontrarás todo tipo de entrantes, como ensaladas frescas, falafel o patés vegetales; cuscús, tajines de carne (con mención especial al de cordero con ciruelas) y pescados. Aunque si lo que quieres es comer como en un verdadero banquete, lo que debes pedir es la bastela de ave.

Te recomendamos que lo acompañes todo con cualquiera de los xarabs andalusíes, bebidas dulces elaboradas a partir de frutas, flores y especias. ¡Ah, y no nos olvidamos de los dulces y el té final! Ahora ya sabes a qué sabía la vida en la ciudad de Balansiya.

Arabas de especias y menta

Muy ligado al gusto se encuentra el tercero de los sentidos con el que te proponemos jugar en esta ruta por la Valencia árabe. El olfato.

¿Crees que no es posible oler la ciudad de Balansiya?

Te demostraremos que sí. Y para ello nos dirigimos a uno de los lugares más vitales de la ciudad: el Mercado Central. Si aún no lo conoces, su arquitectura modernista y sus vidrieras de colores te dejarán maravillado. Enseguida se te irán los ojos detrás de las paradas de productos locales: hortalizas, quesos, encurtidos, dulces típicos… Pero queremos que repares la atención en otra cosa.

¿Lo notas? Hasta ti llega el inconfundible olor de las especias. Albahaca, canela, cardamomo, cilantro, clavo, comino, cúrcuma, galanga, hierbabuena, jengibre, mostaza, nuez moscada, perejil, pimienta… El abanico de especias que se utilizaban a diario en la Valencia árabe parece casi infinito, y el olor de todas ellas se entremezcla en algunos de los pasillos del Mercado Central.

Aunque aún no hemos mencionado a la joya de las especias. Te daremos un par de pistas a ver si averiguas de qué estamos hablando: viene en forma de pequeños filamentos y su color es rojo. ¿Ya lo has adivinado?

Sí, nos referimos al azafrán. Los habitantes de Balansiya ya lo utilizaban en sus platos (sobre todo en sus albóndigas de carne), y los valencianos actuales han hecho de él la guinda de la paella valenciana.

Su aroma es lujo para tus sentidos, y como todo lujo tiene un precio. Ya te avisamos que barato no es, pero merece la pena acudir a los puestos del mercado especializados en azafrán y hacerse con un pequeño frasco. O incluso con varios, porque si estás de viaje se trata del souvenir perfecto para los paladares más gourmet.

Finalizamos nuestro viaje olfativo en Ruzafa, uno de los barrios populares con más encanto de la ciudad. Su origen es árabe y se remonta al siglo IX. La “Rusafa” de aquella época era un gran jardín creado por Abd Allah al Balansí, hijo del primer emir de Córdoba, Abderramán I. De hecho, su propio nombre significa jardín en árabe.

Nada ha quedado de aquel vergel a las afueras de Balansiya, ni tampoco del palacio que albergó. Pero el barrio de Russafa, como lo llaman los valencianos, sigue teniendo alma mora. Entre las calles Cádiz y Filipinas encontrarás diversos establecimientos de productos árabes, desde cerámica hasta dulces. Y como si en el jardín del príncipe Abd Allah te encontrases, llegará hasta ti el olor del té a la menta que sirven las pequeñas (y auténticas) teterías árabes de la zona. Doce siglos más tarde el olor de Rusafa sigue vivo.

La Valencia árabe también se oye

Ahora que ya conoces bastante de la Valencia árabe, ha llegado el momento de que agudices tus oídos. La huella de Balansiya sigue presente también a nivel sonoro, diariamente.

Por ejemplo cada vez que sus actuales habitantes nombran algunos de sus barrios: Ruzafa, Saidia, Xerea, Benimaclet, Benicalap, Beniferri… Son pocos los barrios que se escapan de la toponimia árabe. También se cree que fueron los andalusíes levantinos quienes transmitieron a los valencianos la pasión por un elemento que ya forma parte de su ADN: la pólvora.

Asimismo, todos los jueves a las 12 del mediodía podrás ver y oír un espectáculo único que se remonta a la época andalusí. En la plaza de la Virgen, frente a la puerta de los apóstoles de la catedral, se reúne el Tribunal de las Aguas de la Vega de Valencia.

Se trata de la institución jurídica más antigua que existe en Europa, con más de mil años de antigüedad, declarada Patrimonio Inmaterial de la Humanidad en el 2008.

Si acudes a la cita podrás escuchar a los ocho síndicos, representantes de cada una de las ocho acequias que conforman la Comunidad de Regantes de Valencia. Los oirás administrar justicia sobre el uso del agua para el regadío, siguiendo la tradición, sin que sea necesaria la existencia de ninguna ley escrita.

Todo es oral, en valenciano y muy rápido. Y lo mejor de todo es que está abierto al público, así que ve haciendo hueco en tu agenda.

Balansiya a flor de piel

Después de tanto trote nada nos puede apetecer más que un baño. Árabe, eso sí. Por desgracia, ninguno de los hammams de Balansiya ha llegado hasta nuestros días.

Se conservan únicamente los llamados baños del Almirante, situados en una calle homónima detrás de la catedral de Valencia. Se les conoce también como los “baños árabes” de la ciudad, aunque se trata de una construcción mudéjar de principios del siglo XIV. Aún así su visita es obligatoria.

El interior de estos baños es de una sencillez poética. En él encontrarás tres salas (fría, templada y cálida), bañadas por la luz que se cuela a través de los pequeños orificios en forma de estrella situados en el techo. En la actualidad no se encuentran en uso, más allá de las visitas que reciben los domingos y festivos. Pero estamos seguros que su sugerente estética te ha hecho sumergirte en cualquiera de los muchos hammams que se encontrarían en las calles de la Valencia musulmana.

Nuestro paseo de los sentidos por la antigua Balansiya ha llegado a su fin, y es momento de regresar a casa antes de que cierren las murallas y nos quedemos “a la luna de Valencia». Pero antes tenemos algo pendiente, terminar de recitarte el poema con el que comenzábamos.

Ahora que conoces la Valencia árabe ya puedes juzgar por ti mismo que el poeta no se equivocaba:

Balansiya es la apoteosis de la belleza;

su reputación es buena tanto en el Este como en el Oeste.

Si alguien dijera que es un lugar caro

y una ciudad en la que no cesan las luchas,

di tú que es un paraíso al que no se puede llegar

sino pasando por el hambre y la guerra.

 

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